¿Cuál es el problema con la sal común?

EL PROBLEMA DE LA REFINACIÓN

El centro de la cuestión está en la refinación industrial. Analizada desde el punto de vista químico, la diferencia entre una sal marina integral y la moderna sal de mesa de uso corriente, resulta abismal. La evaporación del agua de mar, deja como consecuencia un residuo sólido, al cual llamamos sal. Este residuo está compuesto por aproximadamente 80 elementos estables de la tabla periódica (*). Por supuesto que el cloro y el sodio son los principales elementos cuantitativos, representando casi el 82% de su composición. Pero la importancia cualitativa de ese 18% restante es verdaderamente extraordinaria.

En el proceso de refinación industrial, la sal de mesa pasa por temperaturas de 670º C, lo cual altera definitivamente su natural estructura cristalina” (Los cristales de sal marina “Cristal de Mar” no superan los 60º C. )

El cloruro de sodio, como compuesto químicamente puro, no existe en la naturaleza, algo análogo ocurre con la sacarosa (azúcar blanco). Biológicamente el organismo no reconoce estas sustancias.

El organismo al estar refinadas y de extrema pureza, las considera tóxicas por su reactividad. Irónicamente, por la misma razón que la industria aprecia al cloruro sódico (capacidad reactiva), el organismo lo rechaza.

Ejemplo: Estudios hechos en Sudáfrica sobre muestras de orina de dos mil trabajadores de plantaciones de caña de azúcar, no hallaron trazas de glucosa, pese a que en promedio mascaban 2 kg diarios de caña, o sea que ingerían unos 350g de azúcar por día.

EL PROBLEMA DE LA ADITIVACIÓN

Volviendo a la sal refinada de mesa, no todo termina en el “desguace” de sus restantes 82 elementos constitutivos. Luego “sufre” la aditivación de otros compuestos refinados. El caso del yodo y el fluor, ambos minerales tóxicos y reactivos en las formas antinaturales que se adicionan industrialmente ¿En qué argumentos se basa este procedimiento, obligatorio por ley?: resolver problemas tiroideos (yodo) y proteger la salud dental (fluor). Pero nadie toma en cuenta que el cuerpo no puede metabolizar la suplementación artificial de yoduros y fluoruros.

A este trágico panorama, se suma la aditivación de otros preservantes, por supuesto que todos legalmente autorizados e incluso sin obligación de ser declarados en las etiquetas. Además de yoduro de potasio, la industria de la sal adiciona dextrosa, un tipo de azúcar que sirve para evitar la oxidación del yodo. Luego le agregan bicarbonato sódico, para que la sal no tome un tinte púrpura tras la adición del yoduro de potasio y la dextrosa. Para evitar el apelmazamiento se adiciona hidróxido de aluminio.

Otros aditivos que encontramos en la sal de mesa son: el carbonato cálcico, que no es otra cosa que un pulverizado de huesos animales, el aluminato de silicio sódico, el ferrocianuro de sodio, el citrato verde de amoníaco férrico, el prusiato amarillo sódico y el carbonato de magnesio.

El consumo principal de sal refinada proviene de los alimentos industrializados, que la utilizan por sus efectos gustativo y conservante.

Más allá del desguace provocado por la refinación, el principal problema de la moderna sal de mesa para la salud humana, es justamente aquello que la hace un inapreciable ingrediente de la química industrial: su reactividad. Frente a la amenaza que representa este compuesto reactivo (cloruro sódico), el organismo se ve obligado a poner en marcha varios mecanismos de defensa que, además de generar un importante gasto de energía y recursos, no bastan para resolver totalmente la magnitud del problema.

MECANISMOS DE DEFENSA:

Entre otros:

RETENCIÓN DE LÍQUIDOS

Un primer mecanismo de neutralización es la hidratación y se basa en el empleo de agua intracelular o plasma.

OBESIDAD Y CELULITIS

El cloruro sódico que no logra eliminarse por vía renal, al permanecer en el cuerpo, genera un segundo mecanismo de neutralización: la captura lipógena. El organismo “reclama” células grasas para “encapsular” al cloruro de sodio “vagante”.

Extraído del libro «La Sal Saludable” Néstor Palmetti

(*) “Ya hace años que se estudia los minerales que tiene el mar. Según los datos se obtienen de las investigaciones del oceanógrafo William Dittmar (que analizó 77 muestras recolectadas en los océanos Atlántico, Pacífico e Índico en la expedición del Challenger alrededor del mundo que se realizó durante los años 1873 a 1876.)

Se determinó halógenos, sulfatos, cloruros, carbonatos de sodio, magnesio, calcio y potasio. Y descubrió que estas sales se encontraban en cantidades más o menos constantes

El cloro y el sodio son los constituyentes fundamentales del agua del mar y se encuentran en forma de cloruro de sodio que se conoce como la sal común. Representa el 80 por ciento de las sales en solución.

Las sales disueltas en el océano constituyen casi 50 billones de toneladas y están formadas por 10 elementos principales por encontrarse en mayores proporciones: cloro, sodio, magnesio, azufre, calcio, potasio, bromo, estroncio, boro y flúor.

Se calcula que son aproximadamente 80 los oligoelementos que están presentes en el agua oceánica, siendo los 10 elementos de mayor proporción:

Toneladas milla³ de agua de mar
Cloro89 500 000
Sodio49 500 000
Magnesio6 400 000
Azufre4 200 000
Calcio1 900 000
Potasio1 800 000
Bromo306 000
Estroncio38 000
Boro23 000
Flúor6 100

 Sal Cristal de Mar contiene:

CalcioPotasioMagnesioSodio
Cristal de Mar   0,5 %0,7%2,2%32,8 %

La sal contiene tanto sodio como cloro por lo cual el cloruro de sodiototal es de es de 82,1 %

Nuestra sal, cumple con la reglamentaciones de metales pesados, según el código alimentario. (Cap. 3 Art. 156).

Datos obtenidos de:

Análisis CONICET CEMPAT

Análisis LABORATORIOS IACA

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